Fútbol B, mi libro.

En mi primer libro doy mi punto de vista acerca de 28 asuntos relacionados con el mundo del fútbol desde un lugar más íntimo del que nos tienen acostumbrados los medios de comunicación y los profesionales. Cada semana compartiré un capítulo que desaparecerá a los siete días para ser sustituido por el siguiente. Mi libro está disponible en Amazon.

 

1.El principio del fútbol   (disponible hasta el viernes 26 de mayo)      

       El camino del futbolista profesional no empieza cuando firma su primer contrato remunerado, empieza mucho antes. En los inicios, ser futbolista profesional es más que un objetivo, es un sueño. Uno puede imaginar lo difícil que es llegar a la élite, pero lo que no puede adivinar es el camino que le espera por delante. Hay tantas variables que es imposible trazar un plan y cumplirlo sin contratiempos o avances inesperados. Los niños fantasean con jugar en primera división, con participar en mundiales, copas de Europa…, pero también fantasean con ser médico, bombero, policía o astronauta. La diferencia es que desde niño puedes ser futbolista; en cambio, solo puedes disfrazarte de bombero, policía, médico o astronauta. Es imposible que un niño haga chequeos reales a enfermos, o que tenga una pistola auténtica de forma legal, o que sus padres le permitan ir al monte a apagar un fuego. Sin embargo, si puede jugar con un balón de verdad, usar botas auténticas y tener un público entregado (los padres). Puede meter goles reales y celebrarlo con los compañeros sin tener que fingir que es lo más importante del mundo para ellos, porque lo es; un niño puede tener lesiones y retirarse llorando del terreno de juego sintiendo impotencia por no poder seguir ayudando a sus compañeros. La tristeza que siente el  niño al perder un partido es real. Poder vivir la realidad de ser futbolista a tan temprana edad es uno de los condimentos básicos que alimenta la perseverancia entre los infantes que sueñan con serlo algún día. Un jugador alevín experimenta la realidad aumentada al pisar un terreno de juego. La ventaja de soñar con ser futbolista es que no tienes que hacer una selectividad ni cursar una carrera para ser profesional, llevas preparándote desde niño para ello. Aunque sí que te examinas jugando un partido semanal. Estás en la carrera desde el primer día que golpeas un balón. Luego las circunstancias, el trabajo y el talento determinarán quién es expulsado de la carrera. También es cierto que el camino es tan largo que muchos no creen que la perseverancia, el esfuerzo y el sacrificio del tiempo que puede ser dedicado a otras actividades, lleguen a ser recompensados algún día; hay muy pocas plazas para tantos candidatos. Un joven que sueña con ser policía o médico depende mayormente de sí mismo porque la evaluación es objetiva en base a unos resultados. No son profesiones nada sencillas, pero sí que tienen mayores probabilidades de recompensa además de una estabilidad que puede dar vértigo a una mente inquieta.

Un fulano de tal al que nunca se le haya pasado por la cabeza ser policía, invirtiendo entre dos y cinco años, probablemente se convierta en profesional. En cambio, no hay evidencia ni casos en el que un joven que nunca antes jugó a fútbol federado hasta los 20 años haya llegado a la élite. No es posible adquirir las cualidades técnicas y físicas que requiere el futbolista en un periodo inferior a 6 años. Pero no vale empezar con 20 para ser profesional con 26. Eso no ocurre ni en las mejores películas de Hollywood. Alguien que empieza con 20 años lleva una desventaja de unos 12 años –como mínimo– respecto a otros jugadores incluso con menos aptitudes físicas. Empezar con 14 años ya es una edad límite para alguien que sueña con ser futbolista profesional. En el mundo del fútbol tienes que quemar unas etapas antes de dar el salto al profesionalismo. Cuando un equipo invierte dinero en un jugador quiere saber dónde ha jugado antes y cómo lo ha hecho. Un jugador que llega sin currículum es ignorado. Ese vacío crea dudas en los responsables de fichar. Son las mismas expectativas que tiene un candidato a un puesto cuando ha superado los 30 años pero tiene un currículum raquítico. Si no ha trabajado nunca en el sector prefieren buscar a otro con experiencia en ese campo. Aunque es más fácil falsear un currículum laboral que uno futbolístico. La mayoría de fichajes están respaldados por referencias de terceros (no siempre fiables). Cuando no existen referencias ni currículum creíble existe la opción de la prueba. No es la mejor opción, pero cuando no se tiene nada que perder es muy válida. Por norma general, el tanto por ciento de futbolistas que consiguen contrato mediante una prueba es bastante bajo. Aunque depende mucho del país en cuestión. Va con la cultura. Por ejemplo, en el Reino Unido se tienen más posibilidades de fichar por un equipo a través de una prueba que en España. En España está muy arraigado eso de “mejor malo conocido que bueno por conocer”.

Jugadores profesionales hay muchos, pero son muy pocos aquellos que llegan a primera división. Se podría decir que para ser millonario es más efectivo jugar la lotería que intentar llegar a primera división. Como ya he dicho antes, es una cuestión de perseverancia y la unión de una     serie de factores que pueden jugar a favor o en contra del futbolista durante toda su carrera. Factores externos y personales, todos suman y restan, como explicaré en las siguientes páginas que forman este libro. La habilidad de cada cual para adaptarse es fundamental para llegar al destino, o para abandonar el camino en condiciones de empezar una nueva vida alejada de los terrenos de juego. Cuando los jugadores de primera se retiran se transforman en páginas que nunca volverán a ser releídas con la misma pasión de antaño a no ser que hayan hazañas deportivas dignas de ser recordadas; pero son pocos los que tienen la fortuna de sentir el frío de una copa al besarla después de haber soñado con ella. A la mayoría de jugadores solo nos queda decir que hemos jugado a fútbol a nivel profesional. Nos perdemos diciendo que hemos jugado con otros que sí han llegado. Las nuevas generaciones tiran los cromos de jugadores que se han retirado un año antes. En el mundo del fútbol se cumple con rigurosidad el dicho “a rey muerto, rey puesto”. Los verdaderos ídolos son aquellos jugadores que se admiran cuando se tienen 15 años, todos lo que vengan después no alcanzan ese estatus a no ser que hablemos de auténticos fuera de series atemporales. Es difícil tener como ídolo a un chaval más joven que tú. No es lo mismo idolatrar que admirar. Los aficionados cambian de ídolos como los fanboys de Apple de Iphone. Es un relevo continuo: a rey muerto, rey puesto. Un jugador no necesita retirarse para desaparecer de la primera línea para siempre. El simple hecho de bajar de categoría con un equipo cambia el estatus del futbolista. Es como si cayeran en un agujero negro llamado medianía. Al final los cracks se cuentan con los dedos de dos manos en cada campeonato. Todo lo demás son actores de reparto o secundarios -como se dice en español. En inglés se dice “Best actor in a supporting role” lo que viene a ser “mejor actor de apoyo”.

Tener una ficha en primera división es poseer una valiosa franquicia. Los jugadores pasan de un equipo a otro como si hubiesen obtenido una licencia que les permite circular por los equipos de primera. Una vez se desciende de categoría es complicado convencer a un club para obtener una licencia que te permita seguir en primera. La alta competición es más exigente de lo que se puede llegar a imaginar cualquiera que no esté dentro de la olla del fútbol. Es una orgía caníbal entre compañeros que dura lo que dura el partido. Un compañero decía que veía a los rivales como “hijos de puta que me quieren quitar el pan”. Es una definición bastante acertada para afrontar los partidos a vida o muerte. Se mueve tanto dinero que el espectáculo es lo de menos. Incluso se penaliza el talento por la ineficacia que lo viste en muchas ocasiones. Que los profesionales critiquen los excesos de florituras es comprensible, pero que también lo hagan los aficionados me parece pobre. Un cuadro no se debe medir por el precio sino por lo que transmite a quien lo contempla. En el fútbol, los puntos, los títulos y el orgullo hacen que la belleza sea un valor secundario.

Aunque brillen como velas y no como estrellas (algunas estrellas fugaces hay entre ellos), el grupo más grande de futbolistas profesionales (con sueldo) se encuentra en las categorías inferiores del fútbol nacional. Me refiero a Segunda A, Segunda B y Tercera división. Hay otras categorías más bajas en las que también se paga a los jugadores pero me centro en las principales. Algunos no llegaron a la élite por pequeños detalles, otros porque no tenían el talento, otros porque no aguantaron arriba y otros porque para ellos ya es todo un premio disfrutar de esas categorías. El éxito y el fracaso atienden a una cuestión de perspectiva.

La experiencia es una constante en la carrera del futbolista, pero no todos los jugadores son capaces de sacar partido a lo vivido. La nostalgia es una cicatriz que se cuida como un tatuaje recién hecho. La tensión continua convive con el futbolista durante toda su carrera. En muchas ocasiones, la tensión (y la presión) impide pensar con claridad, lo cual dificulta decidir cuáles son las mejores opciones dentro y fuera del campo. Cuando el futbolista se retira, siempre le queda la duda de saber hasta dónde podría haber llegado si hubiese sabido la mitad de lo que sabe en los últimos años de su carrera. He aquí una de mis críticas a los futbolistas profesionales: una vez retirados no se molestan en explicar y aconsejar a los jóvenes. El futbolista retirado es un joven abuelo con un sinfín de anécdotas que contar y ocupa la clásica figura del contador de anécdotas de la mili que aburren hasta a las ovejas. Yo mismo me aburro contando mis historietas, pero queda muy feo negarme a hacerlo cuando me lo piden. En realidad muchas salen a la luz si el contexto lo requiere (al final va a resultar que me gusta).

En la carrera de todo jugador, sea de la categoría que sea, siempre hay algo que se podría haber hecho mejor fuera del terreno de juego, pero lo más común es aprender a medida que ocurren los acontecimientos. El fútbol no es como un examen que solo requiere estudiar los temas que van a entrar. En fútbol no sabes de qué te vas a examinar en el siguiente partido porque, por mucho que estudien los  entrenadores, nada está programado. Un mismo problema o situación tiene muchas maneras de presentarse y de ser afrontado dentro del terreno de juego. En un examen universitario uno responde desde el conocimiento con tiempo suficiente para reflexionar. En cambio, en el fútbol el conocimiento tiene que aparecer como un acto reflejo. No hay tiempo para decidir si se la paso a este o a aquel, hay que rendirse a la intuición. Un jugador o un equipo fluyen cuando la intuición se posiciona como el sexto sentido. Cuando se dice como algo negativo que un jugador piensa demasiado nos referimos a que no tiene fluidez, a que duda. Por eso hay que coger con pinzas los consejos que se reciben, no hay chuleta que valga. El futbolista no es como el corredor que con la ayuda de un buen entrenador intuye en cuantas décimas puede rebajar su tiempo. En cambio, en el fútbol nadie puede saber cuántos balones por partido va a perder, recuperar, ni cuántos goles va a marcar durante la temporada, ni cuántos regates va a hacer. Ni siquiera la velocidad máxima que va a alcanzar en sus acciones (aunque no es tan importante la velocidad como las reacciones: el famoso segundo antes de Xavi Hernández al ejecutar sus acciones).

En cambio, sí que hay otros aspectos que pueden ser previstos con antelación. De eso va este libro. Pero que nadie espere un libro de autoayuda, sino de ayuda ilustrativa. Los jugadores profesionales también van a disfrutar de este libro porque Before to be a star, everyone one was a rookie.

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