Apartarme del equipo no fue un castigo, fue una bendición

Un futbolista se convierte en un juguete cuando el entrenador decide utilizarle como herramienta para sus pajas mentales. Algo así me ocurrió jugando en el filial del Alavés en 2ªB a las órdenes de un tal Delgado. La verdad es que me olvidé de su nombre a las pocas semanas de tratar con él.

Resulta que este entrenador llegó a mitad de temporada para enderezar una mala racha que obedecía más a aspectos psicológicos que futbolísticos. El buen hombre llegó con la ilusión que da la experiencia, y mal equipo no teníamos. Pero no tenía tiempo. Llegó a saco e intentó ganarse a algunos jugadores con micro charlas del tipo “eres un buen jugador y confío en ti”.

El primer partido se ganó 3-1 y quedaron buenas sensaciones. Supongo que el entrenador se ilusionó creyendo que su método estaba funcionando desde el primer día, por desgracia el tiempo le devolvió a la tierra con resultados irregulares. Imagino su decepción. Para un entrenador encontrar equipo a mitad de temporada es lo que un parche a una rueda: tarde o temprano el neumático será reemplazado.

Pues semanas antes de jugar contra el filial del Athletic de Bilbao me lesionaron al recibir un pisotón en el tobillo. Como todas las lesiones, llegó en mal momento. La recuperación llevó un ritmo normal coincidiendo la mejora con nuestra visita a Lezama. Ese mismo jueves -como cada jueves- jugamos contra nuestro primer equipo que luchaba por subir a primera, cosa que hicieron a final de temporada. En ese partidillo de los jueves tuve una gran actuación a pesar del dolor en el tobillo. Hice un esfuerzo sobre humano por dar una buena imagen -he de decir que mi idea desde principio de temporada era quedarme en el primer equipo-. Ganamos a “los mayores” y el míster sacó pecho.

El domingo nos enfrentamos al filial rojiblanco con mucho animo; ese tipo de partidos motivan a cualquiera. Siempre hay ojeadores que pueden cambiar tu futuro… eso creemos todos. Pues el partido fue tan complicado como esperábamos, 0-0 en los primeros 45 minutos. Fui sustituido en el descanso a pesar de no estar haciendo un partido lamentable; reconozco que no fue tan brillante como el del jueves pero tampoco para sustituirme sin mirarme a la cara. Mi tobillo estaba aguantando en una semana una carga de trabajo poco recomendable. Lo ideal hubiese sido que en el partido del jueves hubiera participado unos minutos para probarme y así afrontar al cien por cien el encuentro liguero. Pero el míster se quería lucir ante el primer equipo y me hizo jugar 45 minutos después de 3 semanas de baja.

El lunes siguientes me apartó del equipo al igual que a otros compañeros. Durante esa semana nuestro trabajo era trotar por el campo por separados y sin hablar con nadie. El pobre hombre creyó que eso era un castigo, pero en realidad era un alivio pasar una semana aislado del equipo. Durante las últimas semanas habíamos tenido demasiadas charlas de equipo como para querer escuchar más. Durante una semana mi trabajo fue hacer ejercicio y volverme a casa. Lo que se suponía un castigo, en realidad era el trabajo ideal… pero yo no lo sabía.

Lo correcto en esa situación hubiese sido negarme a jugar hasta estar recuperado al cien por cien… pero esto es fútbol, y en fútbol decir no está mal visto.

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2 comentarios en “Apartarme del equipo no fue un castigo, fue una bendición

  1. Ostia Delgado!!! A ti te aparto del equipo una semana, pero nosotros lo apartamos del fútbol, creo que después de la experiencia con ese vestuario dejó los banquillos.
    Ese bigote y con su segundo Guillermo vaya historia ese año!!!!

    • Qué hombre más peligroso! No se sabía si iba o venía. Me sabe mal por él porque en realidad tenía problemas para relacionarse. Creo que solo era eso. A mí me jodió que al llegar me vendiera una moto que yo no había pedido. Fue una segunda vuelta horrible.

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