“Me esperan dos años en Sarajevo”

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Como veréis, no escribo cronológicamente, más bien son fogonazos que se encienden a raíz de conversaciones o situaciones que me ocurren en la actualidad. Hay recuerdos que me visitan porque necesitan ver la luz, y este es uno de ellos.

En el verano de 2005, después de haber sufrido una prueba en el Watford, cogí un avión hacia el aeropuerto de Aberdeen para pasar un test con el Dundee FC. La idea no me desagradaba. Después de un discreto paso por el Alavés, no me parecía mal dejar España para ir a un equipo que me sonaba. No era el sueño de mi vida pero era de los pocos equipos escoceses que creía conocer. Parecía un buen destino para rehacer el vuelo hacia la élite. Si hacía un par de años buenos me podía hacer un hueco en el Celtic o en los Rangers -me decía a mí mismo en el avión.

Mis ilusiones sufrieron un varapalo al llegar al piso donde me iba a quedar temporalmente. Era un piso de dos habitaciones, con moqueta incluso en la cocina y en un barrio gris. Era un piso normal pero no para un futbolista. No lo dijo porque los futbolistas merezcamos más, sino porque cuando un club ficha a un jugador trata de impresionarlo con una primera impresión inmaculada llevándolo a un hotel de calidad y a comer a un restaurante con solera.  Aunque sea un fichaje del montón tratan de hacerle sentir, aunque sea por unos días, una súper estrella.

En este caso se ahorraron todo el circo y fueron a lo básico: una cama y un techo. El resto era cosa mía. No me abandonaron a mi suerte pero de inicio me hicieron saber que tenían lo que veía, y que no iban a engañar a nadie, en cuanto a imagen se refiere.

Tal como cerró la puerta el empleado del club que amablemente obligado me llevó hasta el piso, fui a comprar algo de comida al Tesco. Era exactamente como los de Southampton (cosa bastante lógica ya que son la misma cadena de supermercados). Compré tentempiés por si me entraba hambre mientras me aburría en el océano de tiempo libre en el que naufraga un jugador cuando está a prueba en un equipo fuera de su ciudad o país. No hay mucho que hacer porque al no saber si te quedas, no te gastas dinero no vaya a ser que la prueba te salga cara. Día unas vueltas por el barrio para ver el ambiente. Deprimente para un joven de 23 años como yo por aquel entonces. Al llegar al piso llamé a mi representante y le dije: “esto es Sarajevo”.

Me quedaba una semana a prueba en un equipo de una ciudad en la que no quería vivir. Como no tenía ninguna oferta tuve que ganarme el puesto. Me hicieron un contrato de 2 años. Fue como ganar y perder al mismo tiempo. Pasaban los días y cada vez me parecía que Sarajevo podría ser un lugar más alegre que Dundee.

(…Continuará)

Las anécdotas han sido la clave para sacar lecciones de mi paso por el mundo del fútbol. De anécdotas como está salió el concepto de mi libro: https://rcm-eu.amazon-adsystem.com/e/cm?ref=qf_sp_asin_til&t=jazzbcn-21&m=amazon&o=30&p=8&l=as1&IS1=1&asins=1520949901&linkId=1410614e5287b4647361cb4b62b2f151&bc1=ffffff&lt1=_blank&fc1=333333&lc1=0066c0&bg1=ffffff&f=ifr” target=”_blank” rel=”noopener noreferrer”>Fútbol B

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