Un mono de surfista para un futbolista desesperado que no sabía nadar

blake-hunter-223006.jpg

Cuando dejé de estar a las órdenes del equipo del Doctor Cugat, me sometí a loas métodos de los médicos del Southampton. Por aquel entonces tenía 20 años y llevaba 8 meses de baja. Llevaba 9 meses sin jugar un partido (ni amistoso). Mi carrera se limitaba a entrenar, ponerme hielo y baños de agua caliente. Todo lo que me pedían los médicos lo hacía sin rechistar dando lo máximo. Llevaba a mi rodilla al límite de la angustia; solo porque los médicos me decían que no había riesgo.

Cada vez me encontraba mejor, pero no era raro sufrir alguna lesión muscular producto de la descompensación que provocaba tener una rodilla desaprendida. Cuando empecé a notar que los compañeros eran menos intensos conmigo comencé a pegar entradas duras para que me las devolvieran. Necesitaba saber si podía competir al mismo nivel de mis compañeros. Mi “táctica” funcionó con algunos jugadores, pero otros se dedicaban a poner malas caras cuando no estaba acertado en alguna jugada. Lo hacían de tal manera que me sentía peor de lo que estaba en realidad. Tenía dos opciones: derrumbarme o seguir luchando.

Empecé a mandar a tomar por culo al francés Fabrice Fernández cada vez que hacía un mal gesto tras un error mío. Me había cansado de sentir cada entreno como una prueba a vida o muerte. Me había cansado de sentirme como el último en ser elegido en el patio del colegio.

Lo que no tenían en cuenta mis compañeros es que cada mañana al levantarme no podía ni doblar la rodilla. No sabían lo difícil que era subir escaleras y estar motivado parea cocinar algo sano cuando en lo único que podía pensar era en el día en que la maldita rodilla dejase de dolerme.

Mi desesperación era tal que, para evitar llegar frío al entrenamiento, decidí comprar un mono de neopreno para surfistas en una tienda de deportes de aventura a la que solo entré una vez en los dos años que estuve allí. Corté la parte de superior del mono por encima de la cintura y aproveché la inferior como unas mallas. Lo más lógico -pensarán algunos- habría sido comprarme unas mallas, pero no, necesitaba algo más grueso. Un tejido que mantuviese el calor durante horas. Para conseguirlo iba al entrenamiento bastante antes que el resto y trotaba para coger calor y así empezar la sesión con la rodilla caliente. No me podía permitir malgastar la primera hora de entreno calentando la rodilla mientras mis compañeros se ponían como motos en apenas 20 minutos.

El problema de llevar el mono de surf recortado como si fuera una sierra, era que el grosor me impedía moverme con soltura. Pero no estaba para elegir; cualquier cosa era mejor que soportar la impotencia que provoca el dolor. Era como tener una bala de hielo incrustada en la rodilla. Por suerte el mono derretía esa bala de hielo y me dejaba únicamente con la preocupación de verme a años luz de mi nivel mental.

Al cabo de unas semanas dejé de usar el mono. Me suponía un esfuerzo enorme a la hora de moverme en el terreno de juego. Me agotaba. Pero el principal motivo por el cual dejé  el mono de utilizar porque me daba vergüenza ir de surfista sin tan siquiera saber nadar. Solo era un joven futbolista desesperado.

 

Si alguna vez has pensado en leer algún libro de fútbol, piensa en el mío “Fútbol B”.

41xNGeJVGvL._SX322_BO1,204,203,200_

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s