Mapa incompleto de lesiones futbolísticas

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Las lesiones, en el fútbol, son tan comunes como errar. Las vemos tan habitualmente que, salvando las distancias entre un hecho y otro, nuestro cerebro reacciona con la misma pasividad que cuando nos cuentan en las noticias que han muerto 700 personas (ellos dicen inmigrantes) en medio del mar. Ocurre tan a menudo que no nos preguntamos qué pasa por la cabeza de los jugadores al lesionarse ni qué por la de los buscavidas que se suben a una embarcación que les lleva al mar en busca de ser rescatados.
Aunque parezca muy espectacular, una rampa no es nada. Eso es lo mejor que le puede pasar a un jugador. No conlleva lesión. Aunque salgan en camilla del terreno de juego os aseguro que no es nada más que un inconveniente. Me sigue llamando la atención que muchos jugadores se lleven las manos a la cara cuando se les suben los gemelos. Es molesto pero no es ningún drama. A veces parecen niños.

Hay varios grados de lesiones en el fútbol. Todas llegan en mal momento. Uno no termina de acostumbrarse a ellas, al igual que tampoco a perder. Pero aun así, se puede lidiar con las lesiones y sacar conclusiones.

Lesiones mierduskis

Estas son las que te mantienen alrededor de 10 días de baja. Aquí entran esguinces de tobillo, roturas musculares y contusiones fuertes.
Cuando esto ocurre, el jugador suele cagarse un poco en su mala suerte. Se frustra porque sabe que es una chorrada pero que le va a tener unos días fuera de circulación; lo suficiente para correr el riesgo de perder el puesto. No es raro impacientarse por volver a entrenar.

Las lesiones jodidillas.
Estas tienen una duración de entre 1 y 3 meses. Roturas musculares serias, esguinces fuertes en rodilla o tobillo, principios de lumbalgia, etc.
Cuando esto ocurre, uno asume que para volver a jugar ha de pasar por el filtro de la suplencia una vez recuperado. Las ganas de trabajar por recuperarse son el pan de cada día. La precaución ante los contratiempos propios de la rehabilitación no ayudan a mantener un optimismo natural.  Una recaída en este tipo de lesión puede condicionar la confianza del jugador el resto de temporada de manera significativa.

Las lesiones retadoras

Me refiero a las que necesitan entre 4 y  9 meses para una total recuperación. Como estrella indiscutible de este tipo de lesiones tenemos a la tan temida triada (rotura de ligamentos de la rodilla). Cuando se sufre este tipo de lesiones lo mejor es no tener prisa y saborear cada pequeño avance que se haga. En muchas ocasiones el dolor impide ser consciente de las mejoras. Dejar las muletas es una logro que no se valora porque lo que uno quiere es correr. No hay prisa. Lo mejor que puede hacer el jugador cuando se encuentra en esta situación es no lamentarse por su desgracia, simplemente aceptarlo como parte del juego, como un reto.

Las lesiones avisos

Hay jugadores que se pasan toda la carrera sufriendo roturas de ligamentos cada poco tiempo. Parece que estén malditos ante tanto infortunio. Yo no lo veo así, puede ser una señal, o un aviso. Un chiste decía así:

-Un hombre se encuentra a su ex pareja -con la estuvo cinco años- y le pregunta cómo está. Ella -con muy pocas de alargar la conversación- responde: “Estoy bien. No me quejo”. Él, ofendido por la contundente respuesta de su ex, replica: “¿Solo hace 2 meses que lo hemos dejado y ya estás bien? ¿Quién estuvo contigo cuando pillaste esa infección que te hizo perder 20 kilos? ¿Quién estuvo día y noche en el hospital cuando te caíste de la moto y te operaron la cadera? ¿Quién te consolaba cada vez que suspendías las oposiciones? ¿Quién , eh?”. Ella, abandonó la postura de brazos en jarra y apuntándole con el dedo le contestó: “¡Todo eso me pasó porque eres un puto gafe! Así que aléjate de mí”.

Lo que quiero decir con esto es que si te rompes las rodillas cuatro veces, quizás no debas jugar más a fútbol. Así de claro, son señales que te envía el cuerpo. A veces las señales de humo no son suficiente; es entonces cuando los avisos llegan en forma de cañonazos.

 

Lo que esta claro es que estar lesionado es una mierda, y lo peor es que todas las lesiones llegan en el peor momento. Siempre. Nunca he escuchado a ningún decir: “¡Qué bien me va esta lesión!”

 

Esta historia no está en mi libro “Fútbol B” pero si que toco el tema en un capítulo.

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