Bancos y supermercados no necesitan seguratas

Cada vez que escucho que dicen que ha subido la criminalidad a causa de la crisis me muero de la risa. El otro día estaba en el súper de mi barrio y cuando estaba en la caja sonó la alarma antirrobo. Era una chica de unos 30 años que se disponía a salir por la puerta.Iba cargada con una bolsa del super -por la cual pagó 0,2 céntimos-, y un bolso grande de esos que os gusta a las mujeres para llevar la casa a cuestas. Al sonar la alarma se quedó quieta. Lentamente giró el cuello en busca de la mirada de alguna de las cajeras. Así permaneció unos segundos. Ninguna de las cajeras se molestó en girar la cabeza hacia la entrada. Yo creo que habían escuchado tantas veces la alarma que una vez más era como escuchar el hilo musical. Muchos clientes al ser preguntados, fuera del supermercado, dicen no haberse percatado de la existencia del hilo musical. Al ver que nadie le dijo nada nos miró a los que estábamos en la fila de la caja número 1, se encogió de hombros y salió ofendida porque nadie se molestó en demostrar su inocencia. En ese instante, mientras esperaba que la máquina dijera que el banco ha aceptado a mi operación, me pregunté dónde estaba el segurata que solía rondar por los pasillos buscando en el suelo el sentido a su trabajo. El supermercado de mi barrio es muy tranquilo. Todo el mundo se conoce, y aunque me tratan como si fuese la primera vez que voy, a mí también me conocen. Debo ser el que paga un paquete de espaguetis con tarjeta. Soy como los nuevos ricos: nunca llevo efectivo. Por lo visto el agente de seguridad, alias: el segurata, ya no estaba. Lo busqué en alguna otra caja, ya que le había visto cobrar cuando le necesitaban. Supongo que con el auge del éxito de las ofertas trampa la empresa decidió deshacerse del buen hombre. Nunca le vi parar a nadie montando un escándalo. El tipo sabía que el súper no era suyo. No como las cajeras. Lo digo porque un día también ocurrió algo muy extraño: una de las cajeras le pidió a un padre que iba con su hijo de unos 10 años, que mostrará la mochila del niño. El niño miró al padre para saber si debía obedecer a esa extraña. El niño era obediente. De repente el padre salió corriendo. El niño, en shock, abrió la mochila sin levantar la vista del cielo. Las cajeras, indignadas ante la situación, dejaron marchar al niño después de depositar  sobre la cinta un cartón de leche, un paquete de lentejas y una lata de atún. Las otras tres cajeras habían abandonado sus puestos dejando a los clientes a medias. Decían: “Hay que ver lo de ese hombre, mira que hacerle eso a su hijo” “una vergüenza”. Algunas clientas se sumaban al linchamiento del fugitivo. La indignación creó una red de conversaciones entre personas que al salir a la calle no se iban ni a saludar. En medio de todo ese jaleo apareció uno de los reponedores y dijo: “No os preguntéis cómo ha podido ese padre hacer que su hijo robe, preguntaros en qué situación se debe encontrar ese padre para hacer que su hijo robe.. Se dio media vuelta y, con andares cansinos, siguió empujando un carro lleno de bollería industrial. Todos callaron y actuaron como si no fuese con ellos la cosa.

BOLI

Ese mismo día fui al banco. Me llamó la atención ver que el bolígrafo todavía estaba enganchado a una cuerda sarnosa. Desde hace años ha sido objeto de chiste pero ahí sigue el mítico boli. Después de la situación vivida me pregunté si los empleados del banco también se abalanzarían sobre unos atracadores en casa de atraco. Es que en los bancos tampoco hay seguratas. No me cabía en la cabeza en un sitio en el que hay tanto dinero no hubiese un vigilante. ¡En el McDonalds hay segurata y eso que venden hamburguesas de un euro! Aunque creo que hay seguridad para que no vayas al lavabo si no consumes. El colmo de la humanidad. Fue al ver como trataban a la señora que estaba delante mía cuando me dí cuenta de lo que se cuece en los bancos. “¿Cómo le han ido las vacaciones, señora Cristina?” Decía la cajera con una sonrisa laboral. Cuando el señor que estaba detrás mío, vestido con ropa de electricista o algo parecido, sin poder parar de mover los pies como si tuviese la furgoneta mal aparcada, me dijo: “¿Qué te apuestas que a ti ni a mí nos pregunta qué tal han ido las vacaciones?”. Mientras esperaba a que acabasen de sacar brillo al ego de la Señora Cristina, llegué a la conclusión de que es muy difícil robarle al banco. Pero quizás es mejor que te traten con una educación neutra que con un trato preferente, como a la Señora Cristina.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s