El ficticio tiempo libre de los futbolistas

Cuando se quiere ser el mejor uno va donde sea con tal de conseguirlo. No es fácil serlo en casa y por ello hay que pagar un peaje bastante caro que no compensa siempre con el salario porque el tiempo no se compra. Como dice Bielsa, no es seguro que lo consigas. Eso lo sabemos todos de antemano, lo que no sabemos es cual es el precio a pagar ni a qué vamos a renunciar realmente. Cuando uno acepta ser el mejor o formar parte del selecto club de jugadores de primera división, quiera o no, entra en la burbuja del fútbol. No es suficiente leer libros de filosofía, ver cine de autor o colaborar con Intermón Oxfam. El fútbol es más fuerte que todo eso ¡ojalá fuese tan fácil! Cuando un club te paga unos miles de euros aún sabiendo que no van a vender más de 10 camisetas tuyas (compradas por ti mismo para regalar), es por algo. Solo te piden que te comprometas a entrenar , a jugar y que te cuides para ello. Parecen pocas 2-3 horas de trabajo. Lo son, pero trabajar más sería contraproducente para los intereses del club. Ni tan siquiera se les hace ver vídeos en casa. No ayuda la saturación. Una mente clara es una mente rápida,y eso es lo que quieren los entrenadores :jugadores rápidos sentí del campo que pregunten poco fuera de éste . Los clubes no se pueden permitir jugadores con la misma motivación e ilusión que un tipo que trabaja en una papelería durante 8 horas. Lo más comparable a un trabajo de 8 horas que he vivido en el fútbol fue durante un entrenamiento con la selección guineana en Nigeria. El entrenador nos tuvo sobre el césped – por llamarlo de alguna manera – cerca de 3 horas y cuarto. Cuando ya sobrepasaban las dos horas eso se convirtió en una línea descendente en una gráfica de motivación. En ese momento, al no haber trabajado nunca fuera del fútbol, no supe que esa era la sensación que se puede tener en un trabajo monótono de 8 o más horas. Ha sido hoy, sin venir a cuento, cuando he recordado estas sensaciones durante la sobremesa de la comida de Navidad. Ese día sentí viví por anticipado, lo que se siente un día de esos cuando miras el reloj y ves que no se mueven las agujas. Unos días pasan volando, pero a veces otros son eternos sin ninguna explicación más que la falta de motivación debida a que muchas veces uno mismo ha de estimularse para encontrar la motivación en el trabajo. Motivar a terceras personas ya es de por sí una tarea que requiere un esfuerzo notable, cuando lo ha de hacer uno mismo hay que autoconvencerse teniendo que pasar por lo absurdo. Es más costoso levantar un ánimo que levantar unas pesas.

Por razones como esta los jugadores cobran mucho y entrenan poco tiempo. Si un jugador no está motivado no rinde. Si un equipo no está motivado no gana nunca –independientemente de la calidad que atesoren sus jugadores. A los jugadores se les da mucho tiempo libre para que tengan la sensación de ser dueños de éste y así consigan llegar al día siguiente con la sensación de ser totalmente libres. En cierto modo lo son, pero mentalmente la carga que conlleva la competencia diaria solo desaparece cuando se alcanzan las vacaciones de verano. Mientras tanto la mente siempre está conectada al fútbol aunque no se quiera. Es adictivo cuando se quiere competir al máximo nivel. De ahí que sea noticia que un jugador sea tan risueño como lo es Ronaldinho. Usain Bolt es un tipo parecido al brasileño, ambos capaces de concentrarse mediante la distensión: sonrisas.

La burbuja del fútbol afecta e influye de varias maneras en la vida de los futbolistas. Mientras estás tratando de escalar en el mundo profesional dejas de lado muchas cosas que no sabes si tendrás al alcance en un futuro. En mi caso fue viajar. No me paré a pensar que estaba en un gran momento para descubrir varios países debido al equilibrio entre sueldo y salario tan favorable que tenía siendo jugador profesional. Influyó mucho que pasé muchos años jugando fuera de mi ciudad, Barcelona. Cuando estaba fuera no fantaseaba con ir a New York ni con perderme en una playa del caribe cuando llegue el verano. Económicamente no me suponía un esfuerzo pero no me quedaba embobado mirando el fondo de pantalla del ordenador esperando a que llegue el verano. Entre medio había mucho trabajo por hacer: ser mejor jugador, por ejemplo. Es difícil pensar en vacaciones cuando aún se está luchando por algún objetivo, ya sea del equipo o personal (asegurarse contrato para el próximo año). Ir a casa de vez en cuando ya es un lujo para cualquier jugador que esté fuera. Por eso yo solo quería disfrutar de mi hogar real. No me podía permitir perder 15 días de los casi 30 que tenía de vacaciones. A eso hay que sumarle que si no tienes equipo para la siguiente temporada ¿a dónde cojones te vas a ir? Imagina que te llama un equipo y te encuentras en Brasil. Posiblemente fichen a otro. Esta gente no tiene en cuenta que uno es tan persona como ellos y se merece unas vacaciones. Esa velocidad de vértigo convierte en ficticio el tiempo libre de los futbolistas. Estás en la burbuja y, quieras o no, esas son las reglas.

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