Dundee FC: 8 años para saber porque me echaron

En el verano del 2006, debido a una serie de circunstancias, acabé en el Dundee Fc (Escocia) . Fui haciendo una prueba que consistía en entrenar unos días con ellos y poco más. El nivel era tan bajo que el primer día temí que me iba a quedar. Sí, utilizo el verbo temer porque me aterraba tener que irme tan lejos para jugar en un equipo tan débil. Cobrando lo que me pagaban me salía más rentable quedarme en algún equipo de Barcelona, pero no era un mercado que me interesaba. La idea era retomar el vuelo en tierras británicas…aún teniendo que entrar por Dundee.

La parte buena era que el entrenador, Jim Duffy, confiaba mucho en mí. Razón suficiente para ofrecerme dos años. Durante el momento de la firma ya tenía claro que no iba a durar tanto tiempo ahí, aunque mi intención era marcharme por mi propio pie, y no despedido, que fue lo que ocurrió. Era un nivel mucho más bajo del que yo esperaba, lo cual me preocupaba porque en fútbol el nivel del jugador es más alto cuando los compañeros son mejores, y viceversa. En ese equipo habían algunos jugadores decentes, muchos del montón y tres o cuatro que yo consideraba buenos. El punto fuerte era el entrenador, que le gustaba jugar un buen fútbol. No tenían el mismo concepto futbolísticos algunos jugadores que a pesar de llevar varios años con él, preferían jugar más directo. Supongo que al no tener jugadores técnicos, el míster, se adaptaba a lo que había. Pero ese año llegamos una serie de jugadores no escoceses que aportábamos algo diferente al equipo. Elaboración.

Creo que más que el equipo en sí, lo que me impedía desear cumplir 2 años de contrato ahí era el campo de entrenamiento. Era un prado de un parque en el cual colocábamos porterías – supongo que con el permiso del ayuntamiento – a pesar de tener un estadio bastante bonito entrenábamos en cualquier parte. Los desniveles del prado estaban bien para la pretemporada; nos ahorrábamos ir al bosque a correr, pero era complicado jugar un partido de 11 vs 11 sin tener que acortar las medidas del campo para que nadie se encuentre subiendo un monte en un contraataque. Puede sonar muy burgués por mi parte pero a un equipo de 2ª división le exijo eso aunque sea en Escocia, a lovely country but strange people.

Una vez pasada la pretemporada los entrenos en el estadio empezaron a ser más habituales y eso me gustó. Lo otro no tenía sentido pero aún así íbamos los miércoles para hacer físico. En 3 semanas ya me había hecho con la ciudad y me veía consiguiendo cosas importantes. Los compañeros no eran lo que yo creía al principio. Era gente rara: entrenaban como maños y jugaban como buenos. Era un cambio brutal y fui yo quien tuvo que ponerse las pilas para adaptar mi estilo al de ellos. Por mis condiciones, el entrenador me situó de enganche con bastante libertad en ataque. Yo siempre me he desenvuelto en las bandas pero esa muestra de confianza por parte del equipo técnico me dio un empujón que me hizo completar partidos buenos que me hicieron soñar con volver a engancharme al fútbol de viajar un día antes para jugar con los rivales. El arranque fue espectacular pero aún había algo que no permitía que la bicicleta rodase con fluidez: la vivienda.

Inicialmente el club no alojo a una australiano, un Irlandés de London y a mí en un piso propiedad del presidente. No era un mal barrio y el piso estaba bien porque era gratis. Durante la pretemporada es complicado ponerse a buscar piso porque la cantidad de entrenos es mayor que durante la temporada y el tiempo es limitado para ir andando por ahí haciendo visitas. Éramos 3 y habían 2 habitaciones, por lo que tuvimos que prescindir del salón-comedor para un reparto más justo. El londoner fue al salón. Al principio era un poco putada pero en seguida nos acostumbramos al reparto. El australiano no lo llevaba bien porque quería ver la tv en el salón,eso sí, no quería comprar una. Yo adquirí una en Cash Converter, 35 libras, y la puse en mi cuarto. Más o menos les daba vía libre a horas decentes, pero el australiano entraba todos los días a ver una telenovela de su país. Imagina a un tipo de 1,87 corriendo por la casa a las 8 p.m gritando: “Home & Away”. Era algo así como Velvet. Eso lo veía el solo – en mi cuarto – mientras, nosotros íbamos a la cocina a charlar. Solo había dos momentos en el que nos reuníamos todos: cuando había algún partido y sobretodo cuando daban LOST.

La convivencia era más o menos cómoda. Yo estaba acostumbrado a vivir solo, pero me adapté a las limitaciones de tener un compañero tan raro como el australiano. En septiembre , cuando eso ya parecía un hogar, empezaron a aparecer humedades de gran tamaño en dos habitaciones. avisamos al club y nos dijeron que lo arreglarían. Fue entonces cuando cayeron en la cuenta de que aún estábamos en el piso y debíamos dejarlo lo antes posible. Aún así dijeron que nos iban a ayudar a buscar piso. No tenían tanta infraestructura para esa faena. El club no es que fuese familiar, era monoparental. El presidente era el capo y punto.

Cada vez estábamos más asentados en el piso pero sabíamos que tarde o tempranos habríamos de buscarnos las castañas, pero con el sueldo que teníamos era una tontería destinar una parte en vivienda cuando podíamos seguir gratis. El equipo iba líder y estábamos jugando bastante bien. Conocimos a una dependienta en un sucedáneo de Starbucks (mejor que el original) al que siempre íbamos a pasar la tarde, y nos puso en contacto con un amigo de ella que se dedicaba al alquiler de pisos. Para esta gente mantener relación con los clubes y futbolistas es muy goloso. El tipo no parecía muy profesional que digamos; como si hubiese caído de rebote en la profesión, pero era muy amable. Se notaba que le gustaba el fútbol. Teníamos tan poco entusiasmo por buscar piso que no pudimos rechazar la oportunidad ya que nos había venido caída del cielo. Además el club ya andaba por el enésimo ultimátum. Al presidente se le había agotado la paciencia. Un tipo tan poderos que pasa las semanas enteras en las Baleares no podía dejarse torear por unos chicos de 24 años. No solucionaron lo de las humedades en las paredes, más de una vez me pareció ver la cara de Jesucristo en un jamón a través de las humedades. Gracias a Dios que había calefacción. De nos era así hubiésemos cogido reuma. Bueno, el piso que nos enseñó el chico era una ruina. Parecía uno de esos pisos que se ven en las series británicas donde los drogadictos se refugian del frío, pero iluminado. Creo que ni él había visto el piso antes, y poco convencimiento nos dijo que todo el desastre nos lo limpiarían. Ya me lo imaginaba a él limpiando para conseguir la comisión. Después de ese no vimos más pisos. Sin decirnos nada, habíamos firmado un pacto para retar al presidente y quedarnos en el piso de las humedades con mi (nuestra) tele de 20 pulgadas. Cómo aún eran las 5 p.m. Dimos una vuelta por el centro para acabar en Starbucks tomando unos caffe lattes para luego ir a un bar a ver la Liga de Campeones en pantalla gigante mientras comíamos unas hamburguesas.

A finales del mes de octubre echaron al entrenador por algún motivo que desconozco ya que íbamos lideres. Fue un palo para mí. Llegó el nuevo técnico y al poco tiempo decidió que ninguno de los que estábamos en el piso éramos de su agrado, que buscaba otro tipo de jugador. Lo aceptamos pero antes negociamos con el presidente el precio de la rescisión de contrato. Salió ganando él pero yo no quería seguir allí.

Siempre pensé que me echaron porque mi estilo de juego no era del agrado. Fue hablando con un amigo, 8 años después (2014), cuando caí en la cuenta de que el presidente se hartó de nuestra negativa a abandonar el piso, y cuando echó a nuestro principal valedor, el técnico Jim Duffy, nos eliminó. El fútbol muchas veces que lo que ocurre en el campo. Influyen tantas cosas que no siempre lo controlas. Si llegamos a saber que un millonetis como el presi, necesitaba ese cuchitril, hubiésemos buscado otro compartido en el que hayan dos habitaciones y que el australiano se fuera a tomar por culo con sus telenovelas.

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