La introducción de un niño al mundo del fútbol

Cuando un niño llega nuevo a un colegio, una de las mejores formas de integrarse es jugando a fútbol en el patio, de hecho es la opción más a mano, especialmente en un país donde el fútbol sustituye lo que antes representaba la Iglesia. No es fácil vivir al margen del ‘deporte rey’ cuando es imposible no cruzarse con alguien vistiendo una camiseta de fútbol por la calle, un anuncio televisivo o un póster enorme por la calle con la figura de un crack.

Después tenemos la presión que ejerce la mano invisible del padre al hijo. El progenitor, por lo común, necesita de alguien que comparta esta afición con él, las compañeras sentimentales no suelen ejercer ese papel, por eso al tener un hijo o hija, éste trata de aficionarle a un equipo de fútbol. Esta presión también suele ejercerla el abuelo, aunque con menos insistencia. Así es como se consigue que una costumbre se convierta en tradición. A base de repetición. Al nacer hay tres cosas que ya están asignadas de antemano que en el futuro uno mismo puede cambiar: La religión, el nombre y el equipo de fútbol.

Cuando alguien me pregunta cuál es mi equipo se sorprende cuando, habiendo jugado en varios, respondo que ninguno. A veces he tenido que decir alguno para no tener que iniciar un debate que no me llevará a nada que no sea seguir siendo neutral (aún así tengo mis preferencias).

En mi caso no heredé la pasión por el fútbol a través de mis padres. Mi padre es del Madrid pero es como si no fuese de ningún equipo, nunca le vi hablando de fútbol… ni de baloncesto, ni de aviones (desde los 7 años que no vivimos con él) solo hace bromas, muchas. La pasión por el fútbol la adquirí conjuntamente con mi madre y mi hermano al llegar a Barcelona en el año 1991; mi hermana fue la única que pasó bastante del tema, tenía cosas más interesantes que ver fútbol. Llegar a Barcelona en la temporada 91/92 fue como recibir una invitación que decía “Buenas tardes, le invitamos a conocer el mundo del fútbol de la mano de un equipo de ensueño, el Dream Team”. Mejor anzuelo en esa época no había, la ilusión que se respiraba en Barcelona con ese equipo era contagiosa, y a medida que avanzaba la temporada la ilusión se fue transformando en amor, esperanza y espectáculo. Los Cruyff,los Stoichkov,los Laudrup y los Bakero estaban llevando al Barça a donde siempre habían soñado: La Copa de Europa. Cada jornada esperaba al partido del sábado noche, me había enamorado del fútbol. Lo normal en los niños que practican fútbol es haber tenido sus primeros contactos con el balón a muy temprana edad, 5 años,6, incluso antes. En mi caso no fue así, puedo decir que recuerdo perfectamente como me sentía ese primer año como aficionado y practicante de fútbol. No creo que sin imágenes fotográficas o de vídeo, muchos niños puedan recordar tanto como yo. Mi participación en el mundo del fútbol fue una elección que no heredé de nadie en particular más que del entusiasmo de la ciudad.

Hay padres que prolongan sus vidas automovilísticas en sus hijos, aunque estos no lo hayan pedido jamás. Después se frustran cuando ven que sus hijos no llegarán donde a ellos les hubiese gustado. Estas expectativas, privadas, hacen que algunos chicos jueguen durante más años de los que disfrutan para no defraudar a sus padres. Quizás este fue el motivo por el cual no me costó nada dejar el fútbol de competición con 26 años; nadie me puso una meta aunque sabían que podía llegar bastante lejos, creo que no defraudé porque al dejar el fútbol no salí cabizbajo.

Cuando veo a los padres de los niños gritando como energúmenos en un partido de infantiles, tengo la duda de que si están animando a sus hijos o a ellos mismos reflejándose en la figura de sus hijos. En caso de animar a sus hijos bastaría con no perder la compostura ni la educación, serían suficientes consignas positivas más cercanas a la sonrisa que a la rabia. Lo importante es que los chicos lo pasen bien JUGANDO.

Si el tenis fuese un deporte más asequible económicamente, muchos padres optarían por animar a sus hijos a practicarlo. Para ellos será más fácil detectar quien es el enemigo, el jugador rival, no como en el fútbol, que son los contrarios y el compañero que no pasa la pelota y el portero que no para ni el grifo. En tenis se tiene más de la mano saber cual es el camino a seguir para entrar en el circuito profesional. Eso no quiera decir que sea fácil, tan solo que uno tiene la posibilidad de depender, en un grado mayor, de sus capacidades para conseguirlo. En el fútbol es diferente porque por muy bueno que uno sea necesita a los otros componentes de la plantilla para poder conseguir los objetivos. Hay más plazas disponibles en el fútbol profesional que en el circuito del tenis profesional pero también hay más practicantes, la competencia es tan feroz que hay que contar con la Diosa Fortuna para llegar (esto, siempre sin dejar de trabajar). La carrera del futbolista es, durante su época fértil, un proyecto de vida que requiere una cierta disciplina. No es algo que se pueda dejar y retomar cuando a uno le apetezca, no si se quiere ser profesional o competir a cierto nivel. Solo te digo que hay gente de 34 años que lleva 30 detrás de un balón con lo que esto conlleva en cuanto a horas de entreno, partidos, lesiones, alegrías, decepciones y más cosas que descubrirás en este libro. En principio nadie juega a fútbol por obligación de terceras personas porque cuando esto se alarga en el tiempo solo la pasión mantiene encendida la llama de la pasión que hace al jugador querer hacer las cosas mejor cada día y soportar los momentos duros sin rendirse de forma definitiva. Ser futbolista es algo voluntario, bien porque es una pasión o un sustento económico, cuando es lo segundo puede convertirse en un trabajo sin más. Cuando es así, este deporte es muy feo.

El futbolista se pasa la carrera compitiendo desde niño a un nivel, por momentos, anacrónico a su edad. Aún disfrutando requiere de un sacrificio necesario para cualquier actividad exigente que desafíe la capacidad de la persona para superarse y ser mejor que ayer pero peor que mañana. Evidentemente que se llega a un punto donde mejorar, por temas fisiológicos es imposible mejorar, entonces entramos en la fase en la que nos ponemos un paracaídas para ralentizar la caída natural de todo deportista para dejar sitio a otros, es la vida. No es necesario tener un enfoque hacia el mundo profesional para invertir miles de horas en la práctica. Hay personas que necesitan leer el periódicos diariamente, otras hacer el vermú de los domingos, en este caso jugar a fútbol hasta que el cuerpo aguante. Es una forma de vida.

Formar parte de un equipo es comprometerse durante 10 meses con una causa independientemente de la categoría. No es una obligación como lo puede ser ir al colegio. Aún no siendo el mejor, todos los jugadores son importantes. Todos no juegan pero si entrenan y es aconsejable que nadie se sienta marginado o maltratado. Formar parte de un equipo es aceptar un pacto con el resto de compañeros, agarrar tu remo y no dejar de remar hasta llegar a la meta a sabiendas de que habrán momentos en los que la motivación o la fuerza decaigan, será ahí cuando uno se ha de apoyar en el resto, para eso están ahí, para solucionar los errores y fatigas de los compañeros. Esa es la gracia de pertenecer a un equipo.

Personalmente opino que esta sociedad desaprovecha la experiencia de toda la gente que practica deportes de equipo, en este caso fútbol. Hay muchos aspectos de la convivencia de un grupo deportivo que se pueden aplicar fuera de los vestuarios de un equipo. Al igual que dentro delos equipos se deberían aplicar varios aspectos del mundo real al que todos los jugadores pertenecen mientras no están dentro de la burbuja futbolística. Una mundo no se puede separar de otro pero se separa el deporte del resto de la sociedad como si, utilizando el sentido común, eso fuese posible. Esto es lo que crea situaciones surrealistas cuando uno ve un partido de fútbol,  por ejemplo; aceptar como normal y lógico que un jugador se revuelque por el suelo al recibir un golpe equivalente a un cocotazo con una puerta de un armario. Nadie en su sano juicio se tiraría por el suelo de casa esperando a ser atendido por su mujer, o hijos, ya que no hace falta ser médico para tirarle agua alguien en la cabeza( si está bendecida hay que ser cura, eso sí).

Esto solo es un pequeño extracto de la introducción del libro que llevo escribiendo hace unos 14 meses, se llamará Cruzados Rotos #CC

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2 comentarios en “La introducción de un niño al mundo del fútbol

  1. Gran reflexión.
    De toda ella tal vez me quedaría con lo interesante que sería para la sociedad aplicar algunos de los valores o principios de la cohesión o compromiso que persecución de metas comunes generan en un equipo, acentuados por el gran símil que has utilizado al hablar de “remar”.
    Estamos ansiosos por leer el magnífico libro que estás escribiendo…
    No te quiero meter prisa, pero ya tengo algunas canas, así que no dejes que me salgan muchas más…LOL

    • Existe la estupidez de pensar que existe el mundo del fútbol, con valores ajenos al resto del mundo, así se refugian los listillos

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